10 mil almas celebraron el regreso del artista español en el “Raphaelísimo Tour 2026”
FOTOS CORTESÍA OCESA: JOSÉ JORGE CARREÓN
Después de un año de ausencia por salud, Raphael reapareció en el Auditorio Nacional para demostrar que ni el tiempo ni las circunstancias han podido con su fuerza y su elegancia.
El reloj marcaba las 8:35 de la noche cuando Raphael, envuelto en su clásico atuendo negro, volvió a pisar el escenario del Auditorio Nacional. La multitud se levantó de sus asientos y lo recibió como se recibe a los seres míticos: con vítores, aplausos interminables y la promesa de una velada inolvidable. Era su regreso a México tras una pausa forzada, y la expectación era tan densa como la emoción que se respiraba en el recinto.
Sin rodeos, el Divo de Linares abrió con “La noche”, y el hechizo comenzó. Su voz, serena pero firme, recorrió el lugar con la misma intensidad de otras épocas. El segundo tema, “Yo sigo siendo aquel”, pareció una declaración de principios: “¡Yo sigo siendo aquel, el mismo, el de siempre!”, anunció el intérprete, mientras los asistentes lo ovacionaban de pie. Esa frase resumió el espíritu de la noche: Raphael sigue siendo Raphael.
Con gestos medidos y la seguridad de quien domina el arte del escenario, el cantante desfiló por más de dos horas de grandes éxitos. Temas como “Cierro mis ojos” y “Digan lo que digan” encendieron la nostalgia colectiva, mientras “Mi gran noche” se convirtió en un himno explosivo que diez mil voces corearon con euforia. El Auditorio entero fue una sola garganta acompañando al artista.
Hubo espacio también para la calma, cuando el andaluz se entregó a piezas como “Amo” y “Si no estuvieras tú”, acompañado únicamente por piano y violín. En esos momentos, el silencio era total; el público contenía el aliento para no interrumpir la magia. Y luego el impulso regresó con “Los hombres lloran” y “Cuando tú no estás”, canción que provocó la ovación más profunda de la velada. El propio Raphael, emocionado, se aplaudió al término de su interpretación.
“México siempre ha sido para mí un lugar maravilloso”, dijo al presentar “La Llorona”, tema que el público entonó con delicadeza. Las luces de los celulares encendieron el recinto como constelaciones cuando sonó “Estar enamorado”, mientras él respondía con gestos de gratitud y una sonrisa que parecía eterna.
El cierre llegó con una seguidilla de joyas: “Yo soy aquel”, “Escándalo” y “Como yo te amo”, acompañadas por fotografías personales en las pantallas. “¡Un año más, señores!”, gritó con fuerza, sellando un reencuentro que fue más que un concierto: fue una confirmación de que su leyenda sigue viva.
Raphael se despidió enviando besos al público, que seguía pidiendo otra más. No hizo falta: su presencia, la de una voz que desafía las décadas, había quedado tatuada en la memoria de todos.