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MUDUBINA : LA HISTORIA DE UNA NIÑA, UNA AUSENCIA Y LA MEMORIA DE UN PUEBLO

Las ausencias transforman la vida de una familia y de una comunidad; bajo dicha afirmación nace Mudubina, cortometraje de…
  • El cortometraje de la cineasta Paulina Amador explora a través de la mirada de la infancia la pérdida y la vida comunitaria del Istmo de Tehuantepec
  • La obra incorpora al pueblo y la lengua diidxazá de Juchitán para construir su narrativa
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Las ausencias transforman la vida de una familia y de una comunidad; bajo dicha afirmación nace Mudubina, cortometraje de la cineasta zapoteca Paulina Amador, una historia que observa la desaparición forzada a través de los ojos de la infancia.

La película sigue a Mudubina, una niña que intenta comprender la ausencia de su padre mientras enfrenta preguntas, miedos y silencios en su entorno. Más que reconstruir un hecho, la obra se acerca a las emociones, los recuerdos y las formas colectivas con las que una comunidad acompaña la pérdida.

Originaria de Juchitán, Oaxaca, Paulina Amador es documentalista, fotógrafa, poeta zapoteca y licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Su trabajo creativo explora la memoria, el territorio y las distintas formas en que la violencia impacta la vida cotidiana.

El proyecto –beneficiario de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Estímulo a la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes (ECAMC) 2025, del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE)– comenzó como un cuento inspirado en un atentado en el pueblo ikoot en San Mateo del Mar, en 2020, durante una asamblea comunitaria.

“Como me interesa lo periodístico y la poesía, un día tuve la necesidad de escribir un guion. Cambié el cuento a formato cinematográfico y mezclé lo periodístico con la poesía; eso se nota en la voz en off, que se siente como un poema gigante”, explica la directora.

Para Amador, el centro de la historia no está en la desaparición, sino en las formas en que la infancia intenta comprender aquello que no puede explicarse fácilmente. “La historia comienza justo después de la desaparición del padre de familia de la protagonista. Plantea cómo se vive con la ausencia de un integrante de la familia y cómo una niña de ocho años exterioriza sus miedos y pensamientos”, explica.

La pieza construye un universo vinculado con el Istmo de Tehuantepec. Aunque el nombre de la comunidad no aparece de forma explícita, la presencia del territorio resulta constante a través de sus formas de organización, sus prácticas cotidianas y sus vínculos comunitarios.

“Aunque no se menciona el nombre del pueblo, al escribir era imposible no mirar hacia mi casa, un lugar caracterizado por ser muy colaborativo. Hay muchas características que las generaciones como las de mi mamá y mi abuela comparten; la oralidad, la lucha por el territorio y el misticismo son parte de la historia de este lugar”, señala la entrevistada.

La directora convocó a habitantes de Juchitán para recrear situaciones de la vida diaria. El resultado es una obra en la que las escenas transitan por espacios de convivencia que permiten observar la manera en que la vida colectiva sostiene a quienes atraviesan momentos de incertidumbre.

“No les compartí un guion, sino que les planteaba escenarios cotidianos como ir al mercado, conformar una asamblea comunitaria o romper una piñata. La asamblea fue conformada por la Sociedad de la Santa Cruz Igú, los niños de la cuadra, mis vecinas mayores; todos ellos habitantes de la comunidad que con mucho cariño hicieron posible este cortometraje”, recuerda.

El cortometraje alterna entre español y diidxazá (zapoteco): “hay un juego de palabras que cobra más sentido en zapoteco por sus códigos. Por el otro lado, están las bocinas, la comunidad, el misticismo, el rezo y la ritualidad cotidiana”, afirma.

El título de la película proviene de una flor acuática que crece en las lagunas del Istmo durante la temporada de lluvias y que inspira múltiples leyendas. Mudubina también aparece en el relato Mudubina y Stagabeñe, del escritor zapoteca Andrés Henestrosa, una referencia que dialoga con los temas de memoria y permanencia.

Mudubina se encuentra en etapa de postproducción. Una vez concluida,  Paulina Amador buscará que recorra los territorios que la hicieron posible, “para regresar la película a casa y que las personas que participaron puedan verse”.

A través de la mirada de una niña, de la fuerza de la lengua diidxazá y de la participación activa de una comunidad zapoteca, Mudubina ofrece historias cercanas y sensibles y reconoce la capacidad de las comunidades para narrarse desde su propia voz.

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