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Mozart y Cri-Cri, la apuesta de Mario Iván Martínez por las infancias

El actor y cuenta‑cuentos presenta el 1 de agosto el espectáculo “De Mozart, Tubas y Bemoles” en el…

El actor y cuenta‑cuentos presenta el 1 de agosto el espectáculo “De Mozart, Tubas y Bemoles” en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris

El sábado 1 de agosto, a las 17:00 horas, Mario Iván Martínez llegará al Teatro de la Ciudad Esperanza Iris con el espectáculo unipersonal “De Mozart, Tubas y Bemoles”, un montaje donde la música ocupa un papel medular y se convierte en vehículo para contar historias. “En la primera parte comparto la vida novelesca y la infancia novelesca del máximo niño prodigio de la historia, Wolfgang Amadeus Mozart”, explicó el actor en entrevista.

Martínez narra las giras de la familia Mozart, los viajes en carruajes y las presentaciones en palacios ante príncipes y reyes, culminando con la anécdota del encuentro entre el pequeño músico y la emperatriz María Teresa de Austria. “Mozart de niño tocó ante ella y se enamoró al grado de que el pequeño cuando termina salta sobre la princesa y le dice: ‘Bueno, princesita hermosa, yo ya acabé. Ahora dime, ¿te vas a casar conmigo, sí o no?’”, recuerda entre risas.

En la segunda parte del espectáculo, el público conoce a Tubby, una tuba que sueña con tener una melodía propia dentro de la orquesta. “La tuba está muy triste en una orquesta porque mientras todos los instrumentos tienen melodías muy atractivas, ella está relegada a hacer nada más un sonido repetitivo”, cuenta el artista sobre el cuento del norteamericano George Kleisinger con texto de Paul Tripp.

Un viaje didáctico sin solemnidad

Lejos de una clase formal, Mario Iván Martínez subraya que “De Mozart, Tubas y Bemoles” enseña a los niños a reconocer los distintos instrumentos de una orquesta sin perder la fantasía. “Es didáctico sin serlo, porque lo es a través de la fantasía, a través del cuento, a través de una historia, del buen humor, de la imaginación, de la creatividad”, apunta.

En el relato de Tubby, la tuba se retira del ensayo tras ser objeto de burlas y, acompañada de su amigo Pipo, el flautín, se interna en el campo donde conoce a un sapo cantarín que le comparte una melodía para redimirse ante sus compañeros. El proceso permite que los niños identifiquen timbres, texturas y “los tejidos polifónicos” de la música orquestal mientras se involucran con los personajes.

Para el cuenta‑cuentos, estas historias conectan con la necesidad de mostrar a los niños que la música puede ser dulce, áspera, fuerte o suave, al igual que las emociones humanas. Kleisinger, señala, reivindica la tuba como un instrumento “muy dúctil, que puede emitir sonidos muy agudos o muy graves, suaves y dulces, ásperos, fuertes”.

La vigencia de los clásicos y de Cri‑Cri

Aunque en esta ocasión el escenario se llenará de notas mozartianas, Martínez no deja de lado su tarea como embajador de la obra de Francisco Gabilondo Soler, Cri‑Cri, a cuyo legado ha dedicado dos décadas. “Estamos a punto de cumplir 20 años como embajador de la obra de Cri‑Cri con el espectáculo unipersonal que se inició en 2007”, comparte.

A su juicio, la permanencia de autores como Gogol, Shakespeare, Molière o Gabilondo Soler se debe a su capacidad para observar la naturaleza humana y transformarla en texto y música. Sobre Cri‑Cri, afirma: “Aún no naufraga, y no naufraga a mi juicio por la solidez de su material. La solidez literaria, musical, a pesar de ser materiales que fue escrito hace ya muchos años”.

Esa solidez, añade, se sustenta en el conocimiento que tenía Gabilondo de distintos géneros, “desde un tango hasta un minueto, desde la música country hasta la música oriental, todos los ritmos latinos”. “La mayoría de los mexicanos tenemos grabado en el chip en nuestro historial la estructura perfecta de todos estos géneros gracias a don Pancho Gavilondo”, afirma.

Un llamado a padres e hijos

Para Mario Iván Martínez, la responsabilidad de acercar contenidos artísticos de calidad a las nuevas generaciones recae en buena medida en los padres de familia. “La música empieza cuando las palabras del hombre ya no son suficientes. Y como decía Nietzsche, la vida sin música sería un error”, reflexiona al hablar del papel de la creación mozartiana en la formación de los niños.

Su deseo es que los pequeños que entren en contacto con este espectáculo descubran vocaciones o, al menos, se vuelvan adultos más sensibles. “Si se llegan a dedicar al mismo, a convertirse en artistas, pues qué mejor que nosotros hayamos contribuido un poco a despertar ese interés, pero si no, pues que lleguen a ser arquitectos, doctores, psicólogos más felices al haber entrado en contacto con aquello que, como siempre digo, nos dignifica, nos eleva como especie”, expresa.

El actor advierte que los menores “están en contacto con los aspectos más aberrantes de la humanidad, a diario, guerras, sangre, crueldad, intolerancia”, por lo que considera que “es el arte lo que nos redime como especie”. De ahí que insista en seguir “desde nuestra trinchera intentando proponer este tipo de eventos que acarician la sensibilidad de los niños en el momento único e irrepetible en el tiempo del acto escénico”.

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