La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo está defendiendo con dignidad la soberanía nacional. Frente a las presiones que pretenden condicionar las decisiones de nuestro país, ha sostenido que México coopera y dialoga con todas las naciones, pero no acepta órdenes ni tutelas del extranjero.
Ese es el asunto de fondo: se busca desconocer el derecho del pueblo de México a conducir su transformación y resolver sus asuntos mediante sus propias instituciones.
Soberanía significa que ningún poder extranjero puede colocarse por encima de la voluntad popular. También significa que ninguna presión externa puede utilizarse para alterar el mandato que millones de mexicanas y mexicanos expresaron libremente en las urnas.
La Presidenta ha asumido con firmeza su responsabilidad: representar con dignidad al pueblo de México y defender el Proyecto de Nación que recibió el respaldo de la mayoría.
La mafia del poder, en cambio, celebra cualquier presión contra nuestro país si considera que puede obtener de ella una ventaja política. Como no ha logrado recuperar la confianza del pueblo, pretende encontrar en el extranjero la fuerza que no tiene dentro de México.
Quiere regresar al poder y restaurar el régimen de corrupción, privilegios y negocios al amparo del gobierno. Quiere recuperar desde fuera el lugar que el pueblo no le ha otorgado en las urnas. Por eso presenta cualquier presión extranjera como una derrota de la transformación y como un triunfo propio.
En su desesperación por recuperar sus antiguos privilegios, a la oposición no le importa el daño que pueda causar al país. Cree que debilitando a la Presidenta afecta únicamente a Morena, cuando lo que realmente pretende debilitar es el mandato del pueblo.
En el fondo se enfrentan dos proyectos de país: el del pueblo que decidió transformar a México y el de la mafia del poder, que busca recuperar mediante presiones extranjeras lo que perdió democráticamente.
La Cuarta Transformación es un pacto de confianza con el pueblo. Su fuerza proviene de millones de personas que decidieron poner fin al régimen de corrupción y construir un país con derechos, justicia y bienestar.
Ese pacto está bajo ataque porque representa una transformación que desplazó del poder a quienes se sentían dueños de México.
La presidenta Claudia Sheinbaum encabeza la defensa de ese pacto. Su firmeza representa la dignidad de un pueblo que ya no acepta que otros decidan por él. Al no ceder ante las presiones, está protegiendo la soberanía, la democracia y la decisión mayoritaria de continuar la transformación.
Por eso, cerrar filas con la Presidenta es defender el mandato popular e impedir que los intereses derrotados en las urnas pretendan regresar al poder mediante la presión y el apoyo del extranjero.
El pueblo decidió transformar a México. Frente al injerencismo, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo está haciendo respetar la voluntad popular. Con el pueblo todo, sin el pueblo nada.