CAMILA 01

Carpa: el rebote de la memoria entre padres e hijos

Bajo la dirección de Camila Arroyo, utiliza el frontón como metáfora de la herencia emocional y de la…

Bajo la dirección de Camila Arroyo, utiliza el frontón como metáfora de la herencia emocional y de la construcción contemporánea de la masculinidad

Una cancha de frontón puede ser mucho más que un espacio deportivo. También puede convertirse en el territorio donde se construyen vínculos, se reproducen comportamientos y se expresan emociones que, en muchos casos, permanecen ocultas.

A partir de esta premisa surge Carpa: Herencia de rebote, una pieza escénica creada e interpretada por Ricardo Daniel, con dirección y coreografía de Camila Arroyo. La obra toma como punto de partida la relación entre Ricardo y su padre para reflexionar sobre la paternidad, el paternalismo, la identidad masculina y aquello que se hereda dentro de una familia “Carpa es una obra donde tratamos los temas del frontón y exploramos el deporte como una especie de excusa para explorar realmente la relación de Ricardo y su padre”, explica Arroyo.

La directora señala que el proyecto comenzó como una investigación sobre el frontón a mano y sobre la dimensión comunitaria de este deporte, particularmente en la Ciudad de México. Sin embargo, conforme avanzó el proceso creativo, el equipo identificó que el centro de la obra se encontraba en otro lugar: el vínculo entre un padre y un hijo “Poco a poco nos dimos cuenta: sí es sobre el frontón, es sobre la masculinidad y es sobre tu papá. El frontón es como un espacio donde te permite que esa relación se desenvuelva”, afirma.

La pieza se inspira en la práctica del frontón aficionado, un espacio asociado históricamente con códigos masculinos, sociales y generacionales. En escena, la repetición, el esfuerzo, el impacto y el rebote se convierten en principios coreográficos para hablar de la memoria y de los patrones familiares.

Uno de los ejes de Carpa: Herencia de rebote es la construcción de la masculinidad a partir de los modelos recibidos de los padres. Para Arroyo, la obra no pretende definir una única forma de ser hombre, sino abrir preguntas sobre las conductas que se reproducen y sobre aquellas que pueden modificarse “Pensamos en qué es lo que han hecho nuestros padres, cómo se han comportado nuestros padres, qué cosas hemos recibido y qué cosas queremos cambiar”, comenta.

Desde una perspectiva autobiográfica, la obra aborda los afectos, los miedos, los silencios, las violencias y las formas de amar que circulan entre generaciones. El escenario se convierte así en un espacio de confrontación íntima, donde el cuerpo funciona como un archivo de experiencias familiares.

La directora considera necesario cuestionar los roles de género establecidos desde estructuras patriarcales y reconocer que las labores de cuidado no pertenecen exclusivamente a las mujeres. En este sentido, la obra incorpora la figura del abuelo de Ricardo, quien representa una forma distinta de ejercer la masculinidad “En la obra misma entra mucho el rol del abuelo de Ricardo, que tiene un rol en su vida mucho más desde el cuidado; incluso tenía roles domésticos que tal vez se atribuían tradicionalmente más a un rol femenino”, explica Arroyo.

Para la creadora, observar estas experiencias permite reconocer que algunos hombres también han desafiado, de manera consciente o no, los patrones de violencia y las normas del sistema patriarcal.

Aunque los temas de la puesta en escena pueden parecer complejos, Arroyo asegura que el tratamiento escénico busca mantener una relación cercana y accesible con el público. La propuesta combina danza contemporánea, teatralidad documental, humor y elementos visuales vinculados con las canchas y la memoria familiar “Es una obra, la verdad, que creo que dentro de todo es muy amigable, no es una obra pesada”, señala. “No abordamos estas cosas desde una teoría crítica que es lejana. Hay una cercanía con el público”.

La directora no espera que los espectadores salgan del teatro con una conclusión única. En cambio, los invita a asistir con disposición para recibir la experiencia y formular sus propias preguntas “Tal vez no tenemos respuestas, pero sí queremos que se hagan varias preguntas con nosotras”, dice.

Esta apertura surgió también de la respuesta que tuvo la primera versión de la obra. El proyecto se creó a finales de 2024, durante una residencia en el Museo Universitario del Chopo de la UNAM, donde se ofrecieron cuatro funciones con público. Para la temporada actual, el equipo trabaja en una segunda versión, con modificaciones y ampliaciones.

Arroyo recuerda que muchas personas compartieron después de las funciones reflexiones sobre sus propias relaciones familiares. La reacción confirmó que una historia específica podía conectar con experiencias universales “Mucha gente sale pensando mucho en sus propias relaciones con sus padres, que es algo que no nos esperábamos”, relata. “Es una obra también chistosa; suenan los temas muy pesados, pero realmente tiene mucha comedia y es bastante ligera en cómo la abordamos”.

Para Camila Arroyo, uno de los aspectos más significativos del proceso ha sido observar la transformación de Ricardo Daniel a partir de la creación de la obra. El montaje no solo representa experiencias personales: también ha tenido efectos en la vida de quienes lo construyen “He visto cómo la obra en sí ha repercutido en su vida y ha transformado su vida en situaciones personales que se abordan un poco en la obra”, expresa.

La experiencia le ha permitido pensar en el teatro como una práctica que transforma a quienes participan en ella. “Es permitir que el teatro no solo nosotras lo hagamos, sino que el teatro nos haga también a nosotras”, añade.

En ese sentido, Carpa: Herencia de rebote propone mirar las relaciones familiares desde la empatía, la compasión y la escucha. Arroyo considera que esta invitación no corresponde únicamente a quienes son padres, sino a todas las personas interesadas en comprender de dónde provienen sus emociones y comportamientos.

“Hay que reflexionar de dónde actuamos y por qué actuamos; entender de dónde viene lo que siento, cómo lo siento, cómo actúo y cómo genero cosas en el mundo”, afirma. “Hay que movernos desde la empatía, desde la compasión y desde la escucha”.

La obra se presentará del 10 al 27 de septiembre en el Teatro Orientación Luisa Josefina Hernández, del Centro Cultural del Bosque. Las funciones serán los jueves y viernes a las 20:00 horas, los sábados a las 19:00 y los domingos a las 18:00. La duración aproximada es de 75 minutos, la edad recomendada es para personas de 16 años en adelante y el costo del boleto es de 150 pesos.

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