post IMG 1146

MÉXICO, UN REBOZO TEJIDO A MANO

Durante siglos, el rebozo ha acompañado importantes momentos de la vida de nuestro país. Las parteras lo emplean…
  • La pieza concentra saberes, oficios y procesos transmitidos entre generaciones y en comunidad
  • Artesanas y artesanos renuevan sus diseños, materiales y formas de uso y, al mismo tiempo, mantienen viva una tradición
  • La Secretaría de Cultura del Gobierno de México abrió el MUT, como parte de la política de trabajo con las comunidades indígenas y afromexicanas
post IMG 1146

Durante siglos, el rebozo ha acompañado importantes momentos de la vida de nuestro país. Las parteras lo emplean desde el embarazo; sirve para cargar bebés, transportar objetos, cubrirse o lucirlo. Está presente antes del alumbramiento y en los velorios. Es más que una prenda: es una extensión del cuerpo en la que se entretejen memoria, trabajo e identidad.

En el marco del Día del Rebozo, celebrado en el Estado de México, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México impulsa acciones para mantener vigente el patrimonio textil.

“El rebozo sigue vivo porque quienes lo elaboran transmiten sus saberes y también encuentran nuevas formas de crear. Nuestra responsabilidad es respaldar ese trabajo colectivo y reconocer a todas las manos que participan en él. Espacios como el Museo Textil de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos permiten que más personas conozcan los procesos detrás de cada pieza y valoren a las comunidades que los sostienen”, señaló la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza.

Bajo dicha premisa, el pasado mes de julio de 2026, abrió sus puertas el Museo Textil de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos (MUT), espacio que propicia el diálogo entre la innovación, el intercambio cultural y el reconocimiento de las tradiciones textiles.

El nuevo recinto, ubicado en el corazón de la Ciudad de México, además de iniciativas como Original, Encuentro de Arte Textil Mexicano, las expoventas como Tápame con tu rebozo, los certámenes del Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart) y talleres de Alas y Raíces y Semilleros Creativos acercan a nuevos públicos técnicas, diseños y conocimientos de maestras y maestros de distintas regiones.

En el MUT, el rebozo ocupó un lugar especial durante el mes de septiembre con el programa Rebozo. De nudos nos cubrimos, que reunió a tejedoras, empuntadoras y especialistas en talleres y conversatorios. Como pieza del mes, se exhibió un rebozo de la primera mitad del siglo XIX, elaborado en telar de cintura con técnica de gasa, algodón, seda teñida e hilo entorchado de plata.

La subsecretaria de Desarrollo Cultural, Marina Núñez Bespalova, explica que el rebozo está presente en distintas líneas de trabajo: adquisición de piezas a través del Fonart, exhibición y venta en Original, y capacitación.

“Preguntamos siempre cada año qué tipo de capacitación les gustaría tener, y así formamos el programa del año siguiente”, señala Núñez. Se han impartido cursos de corte y confección, tratamiento de la pluma y teoría del color. En encuentros como el de Tintoreros, se abordan fijación y combinación de colores, plantas y sustitución de materias primas.

El impulso institucional incluye también el Gran Premio Nacional de Arte Popular y el Concurso Nacional de Textiles, que contempla una categoría específica para rebozos y es convocado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Fonart y el MUT.

El hilo de la historia

Faltan certezas sobre el origen del rebozo en México, pero su arraigo en comunidades, pueblos y ciudades ha llevado a especialistas a buscar sus antecedentes en prácticas anteriores a la llegada de los españoles. En el periodo prehispánico, las mujeres hilaban algodón y otras fibras, utilizaban tintes y confeccionaban huipiles, enredos, quechquémitls y paños en telares de cintura. Algunas piezas rectangulares servían para cubrir el cuerpo, transportar objetos o cargar a niñas y niños.

Para Marta Turok, los antecedentes están en el mamalli, empleado para cobijar y cargar. El documento la Tira de la Peregrinación, explica: “muestra personajes que transportan deidades y a un bebé”. También, identifica posibles aportaciones de tradiciones llegadas durante el periodo colonial, entre ellas la morisca.

Durante el periodo novohispano, se consolidó la forma que hoy permite reconocerlo: un lienzo rectangular, largo y estrecho, cuyos extremos dejan parte de la urdimbre libre para elaborar el empuntado. Turok lo describe como “un paño rectangular que mide como 86 centímetros de ancho, dos y medio o tres metros de largo y, luego, los empuntados que derivan de la misma urdimbre”.

Reconstruir esa historia exige cruzar evidencias. La conservadora del patrimonio en el INAH, María de Lourdes Gallardo Parrodi, explica que “una cosa es la materialidad, un hilo o una tela; otro apoyo son las fuentes documentales y, después, las fuentes iconográficas”. Las pinturas de castas del siglo XVIII permiten observar diferencias de indumentaria entre grupos sociales y muestran, también, rebozos jaspeados.

Dibujar desde los hilos

El jaspe o ikat es uno de los rasgos característicos del rebozo mexicano. Para obtenerlo, se amarran secciones de la urdimbre antes del teñido para reservarlas del color; al desatar y tejer los hilos, las zonas teñidas y reservadas forman el dibujo. Su llegada a México no está plenamente documentada y se han propuesto conexiones con tradiciones textiles de Asia y Europa.

A finales del siglo XVIII, el rebozo aparece entre mujeres de distintos grupos sociales. Teresa Castelló Yturbide documenta que en un inventario de Zitácuaro de 1768 se registraron: un rebozo salomónico negro con fleco de plata, otro de nácar con punta de oro y uno mexicano de seda y oro. Durante el siglo XIX se consolidaron centros productores en Colima, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Jalisco y Michoacán.

Durante la Revolución Mexicana, las soldaderas lo utilizaron para cubrirse, transportar víveres y cargar objetos. Su presencia en el conflicto reforzó su asociación con la resistencia y la participación de las mujeres en la lucha.

De prenda cotidiana a imagen de México

Después de la Revolución, el rebozo formó parte de la construcción visual de la identidad nacional. La pintura, el cine, la música y la cultura popular retomaron a la mujer enrebozada como signo de maternidad, trabajo, vida campesina y pertenencia. Aparece de forma recurrente en pinturas, grabados y murales, incluso en alegorías de la Patria.

Para elaborar uno, el hilo se devana y se urde; en las piezas jaspeadas, el dibujo se proyecta sobre la urdimbre, se amarra, tiñe y desata; después, vienen el tejido y las puntas. Según la región y la pieza, pueden añadirse brocados, bordados, cuentas, plumas, tintes naturales y otros acabados.

No es una misma persona quien realiza todas esas tareas. En los centros reboceros, distintas manos se especializan en urdir, dibujar, amarrar, teñir, tejer o empuntar. El subdirector de Etnografía del Museo Nacional de Antropología, Arturo Gómez Martínez, describe ese entramado como una “fábrica humana, una red de oficios cuyo resultado depende del trabajo de varias personas”.

Un rebozo no solo entrelaza hilos: articula una comunidad de conocimientos. Los saberes circulan entre talleres, familias y generaciones, aunque no todas las manos reciben el mismo reconocimiento.

Tradición que se transforma

La continuidad de la tradición ocurre cuando el conocimiento pasa de unas manos a otras. En Angahuan, Michoacán, la artista textil purépecha Juana Bravo Lázaro creció en una familia en la que una abuela preparaba lana, otra trabajaba algodón y su madre hacía brocados. “Nadie me enseñó, puro viendo; así era mi escuela”.

Su trayectoria en la preservación y transmisión de saberes textiles purépechas fue reconocida con el Premio Nacional de Artes y Literatura 2024, en Artes y Tradiciones Populares, la máxima distinción que otorga el Estado mexicano en el ámbito. Además, es docente del programa de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México Semilleros Creativos y de Paz, grupos de creación para niñas, niños y jóvenes.

Bravo trabajó por años con más de cien artesanas y, ante el envejecimiento y la pérdida de integrantes, comenzó a enseñar a niñas y jóvenes de entre 10 y 18 años: “cuando yo ya no esté, para que el trabajo siga y la cultura siga”.

En Hueyapan, Morelos, Montserrat González Zavala, de nueve años, participa, a través de Alas y Raíces, en un taller de telar de cintura. Ya aprendió a escoger colores, preparar la urdimbre, aplicarle atole, separar los hilos y comenzar el tejido. “Lo más difícil que me pasó fue comenzar a tejer”, cuenta.

Transmitir conocimientos no significa mantenerlos inmóviles. La subsecretaria de Desarrollo Cultural, Marina Núñez Bespalova, señala que son las propias comunidades las que determinan qué preservar y qué transformar: “ellas tienen muy claro qué es lo tradicional, qué es lo que tienen que conservar”.

En Ahuirán, Michoacán, la familia Bautista atribuye a Cecilia Bautista Caballero la incorporación de plumas al rapacejo del rebozo. Su hija, la artesana purépecha María de los Ángeles Rodríguez Bautista, recuerda que la idea surgió cuando su madre encontró plumas y, ante la falta de dinero para comprar los hilos de las puntas, comenzó a experimentar con ellas.

Cecilia presentó la pieza en un concurso y obtuvo el primer premio, recuerda la investigadora Ana Terán, quien considera que, una innovación se incorpora a la tradición cuando “se vuelve conocimiento y del gusto de todos, y lo empiezan a usar”.

En la familia Bautista, la búsqueda pasó de una generación a otra. María de los Ángeles recuerda que su madre le pedía desarrollar una innovación. Tras varios intentos, creó flores para las puntas, a las que llamó “Flores de los Mirasoles” y, después, “Flores de mi pensamiento”. La herencia fue aprender una técnica y aportar algo nuevo.

En Tenancingo, Alejandro Vázquez Dorantes experimentó con el degradado, que transforma los colores a lo largo del rebozo, técnica de la que no se han encontrado antecedentes.

Innovar, sin embargo, requiere que sobrevivan los procesos. Vázquez advierte que quedan pocos especialistas en fases como el amarrado, porque no todo el conocimiento pasó a las generaciones siguientes. De ahí su insistencia en que “el rebozo es costoso; no es caro”: detrás del precio están el tiempo, los materiales y los conocimientos especializados.

En Santa María del Río, San Luis Potosí, el artesano rebocero Arturo Estrada Hernández coloca el proceso en el centro de la tradición. “Lo importante dentro de la tradición es preservar el proceso. Los hilos cambiarán, los diseños cambiarán, los colores cambiarán, pero el proceso debe ser el mismo”, afirma. Añade: “el proceso tampoco es mío, a mí me lo heredaron y a mí me lo instruyeron, y lo estoy heredando y lo estoy instruyendo”.

El artesano rebocero Jesús Zárate Escobar aprendió el oficio en Tenancingo. Comenzó como aprendiz de urdidor, pasó por distintos talleres y, después, levantó el suyo, en el que llegó a tener cinco telares. Desarrolló diseños de rosas, botones y colibríes. Al ver estos últimos extendidos por primera vez sobre el lienzo, recuerda, “me daban ganas de llorar”.

Nuevos usos, nuevos públicos

Para la jefa del Departamento de Artesanías Populares en la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, Amparo Rincón Pérez, la vigencia del rebozo pasa por ampliar sus usos. “La prenda la usas tú para lo que tú quieras. No importa cómo la uses, consúmela y lúcela con orgullo”, señala.

Con nuevos diseños, materiales, usos y públicos, el rebozo adquiere un lugar fundamental en la sociedad mexicana. En el Estado de México, se le celebra el 29 de septiembre, pues dicha entidad es considerada como cuna de su creación en municipios como Tenancingo de Degollado, Malinalco y Calimaya que destacan por la elaboración artesanal de esta pieza. A nivel nacional, también, destacan Chiapas, Michoacán, Oaxaca, Querétaro, San Luis Potosí, Tlaxcala y Veracruz.

Su permanencia no depende de mantenerse intacto, sino de que los saberes que lo sostienen pasen de unas manos a otras y encuentren nuevas formas de expresarse. Entre comunidades, instituciones y nuevas generaciones, la tradición continúa tejiéndose.

Sigue las redes sociales de la Secretaría de Cultura en X (@cultura_mx), Facebook(/SecretariaCulturaMX) e Instagram (@culturamx).

Total
0
Shares
Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Previous Article
WhatsApp Image 2026 09 28 at 3.25.16 PM

Ana Lilia Rivera Rivera, Coordinadora Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Tlaxcala

Next Article
WhatsApp Image 2026 09 28 at 5.31.33 PM 2

El Tequio “Elena Arizmendi” une voluntades para transformar espacios del ISSSTE

Related Posts