La historia detrás de “A la niña que fui” junto a Kany García
Hay encuentros artísticos que parecen dictados por el destino. Para la cantautora y compositora venezolana Sara Schell, sentarse a componer por primera vez con Kany García no solo derivó en una de las canciones más conmovedoras de su carrera, sino en un doble reconocimiento en los Latin GRAMMY 2026: las nominaciones a Compositora del Año y a Mejor Canción Pop por el tema “A la niña que fui”.
Consolidada como una de las creadoras más cotizadas de la escena internacional —con composiciones interpretadas por figuras como J Balvin, Becky G, Selena Gomez y el grupo global KATSEYE—, Schell relata en entrevista cómo una sesión improvisada de último minuto se convirtió en un diálogo entrañable con la infancia y el amor propio.
“Ese día que yo me vi con Kany fue un poco… fue como una sesión de último minuto, fue cuadrada a último minuto y nosotras no nos conocíamos. Cuando nos conocimos fue bastante lindo, ella es una persona increíble y conectamos de una vez”, recuerda Schell.
Aunque el disco de García ya estaba prácticamente cerrado, la sintonía entre ambas abrió un espacio inesperado “Ella se sienta conmigo y me dice: ‘Bueno, mira, honestamente yo no estoy para escribir de amor. Como que yo he escrito ya muchas canciones de amor, de desamor, y no sé, quiero saber qué quieres escribir tú’. Habíamos estado hablando un ratito antes y yo le digo: ‘Bueno, ¿y qué tal si le escribimos una canción a tu niña interior?’. Y ella se queda así como plasmada y me dice: ‘Sí, me encantaría ¿pero a ti te habían dicho algo?’. Y yo le digo: ‘No, no me habían dicho nada’. Y me dice: ‘Mi álbum se trata de yo hablándole a mi niña interior, se trata de Encarnita'”.
A partir de esa coincidencia, la composición fluyó con naturalidad. Kany tomó la guitarra, Sara propuso la melodía y el coro, y en cuestión de horas la pieza quedó estructurada. El tema conmovió tanto a la intérprete puertorriqueña que se integró de inmediato al álbum e involucró en su grabación a familiares y amigas cercanas.
Un himno de introspección femenina
El impacto de “A la niña que fui” fue instantáneo y masivo. Más allá de las métricas comerciales y las listas de popularidad, la respuesta del público confirmó el poder sanador de su mensaje “La reciprocidad de la gente ha sido mágica. Nunca había recibido tantos mensajes como con esta canción, honestamente”, destaca Sara, quien celebra cómo las mujeres adoptaron la letra como un recordatorio íntimo de validación y ternura hacia su propio pasado.
Al ser cuestionada sobre cómo recibió la noticia de su doble postulación al Latin GRAMMY, la compositora asegura que intuía la fuerza del tema, aunque la emoción fue mayúscula “Yo la había visto venir con fuerza, además porque tocó a mucha gente, sobre todo a las mujeres, se sintieron muy identificadas. Me hizo muy feliz; de hecho, pudimos celebrarlo juntas cantando la canción juntas hace poco en Los Ángeles”.
Asimismo, reflexiona sobre el significado del amor propio frente a las expectativas adultas y el ritmo acelerado de la vida moderna “Somos culpables todos de a veces olvidarnos de dónde venimos y siempre estar como que queriendo más, queriendo más, la ambición siempre está demasiado presente. Pero pensando en esa Sara… ni se lo hubiese imaginado. De hecho, el día que me levanté con la noticia de la nominación a Compositora del Año, no me lo creía”.
La composición como terapia
Para Sara Schell, sentarse frente a una hoja en blanco cuando escribe para sí misma es un ejercicio indispensable de autoconocimiento “Si no lo planeo mandar a nadie, me siento con mis sentimientos y es una manera de terapia. Para la gente que no escribe, igual hacer journaling, sentarse a escribir te ayuda a entender tus emociones; para mí, yo las entiendo a través de la música”.
En contraste, al escribir para otros intérpretes —ha colaborado también en proyectos dirigidos a artistas como Fonseca o Camilo—, su enfoque parte de una estricta empatía:
“Era sentarme y ponerme en los zapatos de ellos, como intentar un poco ser ellos, ver el mundo desde su perspectiva. La empatía entra muchísimo en mi proceso creativo y normalmente sale algo que te sorprende”.
Esa disciplina y versatilidad también le exigen acatar parámetros muy puntuales. Al recordar su trabajo en el tema “Gabriela” para KATSEYE, explica que el género K-pop demanda fórmulas cuidadosas “Me mandan para una canción de K-pop porque yo también trabajé para ‘Gabriela’ de KATSEYE, y me acuerdo que eso era específicamente un puente en español. El K-pop no puede tener ni groserías ni curse words, tiene que seguir una línea; normalmente no hago ese tipo de cambios a menos de que la canción me haya sentado yo desde el principio con ella y ahí ya elijo a quién dársela o si quedármela yo”.
Aunque su labor cotidiana se centra en el estudio y la composición más que en giras individuales, Schell mantiene un vínculo entrañable con México, país donde radicó durante varios años y al que ha vuelto para compartir escenario como invitada especial de agrupaciones amigas, como la banda venezolana Lagos “México tiene un lugar especial en mi corazón, viví ahí varios años. La gente es súper especial y la cultura… sobre todo la gente, te recibe con muchísimo amor. Me encantaría algún día poder presentar las canciones con ustedes por allá”.
De cara al futuro inmediato, la autora adelanta que continuará enfocada en álbumes conceptuales y creaciones de largo aliento, lejos de la inmediatez efímera que a menudo impone la industria “Vienen muchos lanzamientos, son proyectos que me tienen súper emocionada y que son un poco más cargados artísticamente. Va a ser álbumes y va a ser que no sea un consumo tan rápido, sino un poco más desde el arte, como siento que siempre debería de ser”.