Tanto los amantes de la legendaria agrupación como quienes jamás la han escuchado quedan prendados con el espectáculo de The Latam Pink Floyd Show, proyecto que se presentará el próximo 5 de marzo en La Maraka con un show de casi tres horas recreando el universo de Gilmour y compañía.
“Nos gusta llamarle experiencia inmersiva, es decir, vamos con todos los detalles que puede esperar un fan de Pink Floyd en cuanto a luces, video y las interpretaciones más apegadas a las versiones más exitosas”, explica Luis Huerta, baterista del proyecto, en entrevista.
Luis añade que se trata de “un viaje por toda la discografía de esta banda tan importante en la música contemporánea, casi tres horas de música tratada con una calidad suprema y con atención a cada detalle, tal cual la banda original. El audio, la ejecución, cada instrumento. Es evocador e importante lo que se va a vivir este 5 de marzo”.
El grupo está conformado por Federico Di Lorenzo (voz), Luis Huerta (batería), David Sosa (bajo), César Huesca, Mauricio Poblete y David Paredes (guitarras), además de los pianistas Gera Sanz y Brian Serrano, el saxofonista Fernando Díaz y tres coristas.
“Recreamos la música de Pink Floyd de manera fiel, casi reverencial. Se respetan los arreglos originales, tratamos de no moverle nada, sino tocar su música tal cual la grabaron ellos”, comenta Huerta, quien además detalla que para él, el proceso técnico y creativo detrás de cada pieza es completamente minucioso:
“En mi caso como baterista es un proceso muy arduo. Desde que se eligen los temas, el primer acercamiento es de tipo auditivo; trato de tener una experiencia inmersiva en la cabeza con Gilmour, Waters, Mason y los demás. Primero paso un mes o mes y medio escuchando todos los temas que se van a abordar, después otros dos meses trabajando diario en sesiones de tres a cuatro horas, escribiendo golpe por golpe lo que hizo Nick Mason en las canciones.”
Entre clásicos y rarezas
A la hora de definir el repertorio, Huerta reconoce que “elegir los temas es un caso total, hay mucho material”. Explica que la banda busca conciliar lo más conocido y popular con lo que, a su criterio, tiene mayor calidad musical:
“Hemos hecho The Wall completo, que es una pieza de arte. Tomamos cosas de ahí que no fueron tan famosas como Mother, que son canciones con demasiada introspección psicológica. Además, también cosas clásicas, como The Wall parte 4, que es lo que más se conoce de la banda en el mundo.”
Ese equilibrio, añade, busca satisfacer a distintos públicos “Vamos a equilibrar lo que quiere el fan empedernido y exquisito, como el que busca lo más popular. En mi caso personal, o en el caso de la banda, estamos de acuerdo en que los últimos números son donde te puedes dejar ir más bonito, porque ya pasó la presión, ya puedes respirar tantito y son canciones deliciosas.”
Un legado que atrae
a nuevas generaciones
Lo que más emociona a Huerta es constatar cómo el público se ha diversificado “Hoy por hoy va todo tipo de gente a escuchar la música de Pink Floyd, incluso los jóvenes van al pasado, porque lo de hoy es menos intrapersonal y ellos quieren algo más profundo. Es por ello que admiran y se maravillan con la calidad del material que se hacía antes, no solo de Pink Floyd, sino de muchas otras bandas de antaño.”
El baterista confiesa sentirse especialmente feliz al ver que “los jóvenes de 16 o 17 años conocen muy bien a Gilmour”, y que los fans veteranos “reciben con nostalgia y con alegría lo que hacemos; dicen que esto sí suena a Floyd”.
La producción del espectáculo no solo demanda precisión técnica, sino también una enorme planeación y logística “Creo que lo más retado es en términos de producción. Es un trabajo de años: hay que ver el tipo de luz, el tipo de láser, la pantalla circular, reclutar al ‘crew’ idóneo para audio, video y logística. Parece sencillo, pero nos ha llevado mucho tiempo.”
El enfoque del grupo es claro y riguroso “No tocamos las canciones a nuestro estilo, nosotros hacemos una copia fidedigna y exacta de cómo sonaba Pink Floyd en cada una de sus etapas.”