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Ditmara Náder da vida al dolor y anhelo de Masha en La Gaviota

La actriz forma parte del elenco de la nueva versión del clásico de Antón Chéjov que se presenta…

La actriz forma parte del elenco de la nueva versión del clásico de Antón Chéjov que se presenta en el Foro Lucerna

A más de un siglo de su concepción, La Gaviota de Antón Chéjov continúa interpelando con crudeza las fibras más sensibles de la condición humana: los vacíos afectivos, la desesperada búsqueda de reconocimiento y la frustración ante expectativas no alcanzadas. En el Foro Lucerna, una renovada aproximación a este clásico convoca al espectador a confrontar sus propios anhelos a través de una puesta en escena tan cómica como dolorosa.

Para la actriz Ditmara Náder, quien da vida a Masha en esta producción, el mérito de la obra radica en la fidelidad con la que se capturó la esencia del texto original sin perder resonancia contemporánea “Depende mucho de cómo el director y la producción logren capturar la esencia, y creo que justo algo que se logra muy bonito en esta adaptación que hicieron Cristian en la dirección y también Roberto Beck en la traducción, es justo eso: recuperar cómo, dentro de una dinámica familiar pero también de amistad, la relación entre todos refleja relaciones humanas”.

La trama, desarrollada en torno a una casa de campo junto a un lago, reúne a parientes, vecinos y allegados cuyas vidas colisionan en un entramado de amores desfasados y reproches contenidos. “Es cómo han recuperado todo lo que son las dinámicas familiares, los amores no correspondidos, los anhelos frustrados y cómo todo eso afecta a la autoestima, a la creación, en el caso de Tréplev, que no logra conseguir la aprobación de su madre en el tema de las artes”, apunta la intérprete.

Dentro de ese ecosistema de soledades compartidas habita Masha, hija de los cuidadores de la finca, quien vive consumida por una devoción no correspondida hacia el joven dramaturgo Konstantín Tréplev “Yo interpreto a Masha. Hemos sido amigos toda la vida, yo crecí enamorada de él y creo que, hasta cierto punto, soy la que mejor entiende a Tréplev en su visión de la vida y del amor; alguien que entiende muy bien ese tormento de la vida que él experimenta. Pongo en él ese anhelo de también ser entendida”, comparte Náder.

Sin embargo, el desinterés de Tréplev —cuyo corazón pertenece a Nina— empuja a Masha hacia un callejón emocional sin salida “Obviamente con el tiempo mi personaje va entendiendo que ese amor nunca va a ser correspondido, y entonces empieza a tomar una serie de decisiones para matar ese amor, que lo único que hacen es agravar ese sentimiento de frustración y de dolor. Desafortunadamente… bueno, ya irán viendo qué sucede en la obra, pero creo que también es importante reflejar eso: cómo todos somos humanos y tomamos decisiones para sobrevivir”.

Reconocer las cicatrices y no
depositar la plenitud en el otro

Dar voz y cuerpo a un personaje tan desgarrado representó para Ditmara Náder un proceso de profunda introspección personal. La actriz reconoce que el verdadero desafío residió en verse reflejada en las grietas de su papel “Ha sido lo más complicado justamente: que uno pueda reconocer sus cicatrices. El tema con Masha, y creo que con prácticamente todos los personajes de la obra, es que todos estamos atrapados en encontrar la felicidad en algo afuera de nosotros; todos estamos esperando que llegue ese momento en el que ese alguien o ese algo de la vida externo llegue para salvarnos de lo que estamos viviendo”.

A partir de esa premisa, Náder subraya la valiosa lección que deja el montaje al espectador:

“Algo muy hermoso que reflexiona esta obra y que yo encontré en este personaje es que no podemos poner en los demás nuestra felicidad. Sí hay que hacer algo para poder nosotros salir de lo que estamos viviendo y no depositarlo en los demás (…) Cuando esas personas o esas relaciones terminan, pensamos que ya no lo vamos a tener, y con el tiempo nos vamos dando cuenta de que eso mismo lo podemos construir nosotros. Ha sido un viaje de reconocerme y de poder empezar a salir de esas dinámicas en las que pensamos que los demás tienen esa salida que nosotros estamos buscando”.

El impacto de la puesta en escena ha resonado con fuerza en el público asistente, generando reacciones que transitan de la carcajada espontánea a la punzada de la incomodidad “Mucho de lo que me han dicho es que sí es una comedia, porque al final de cuentas las dinámicas familiares y toda esta parte un poco tóxica y repetitiva es muy cómica, pero al mismo tiempo es muy incómodo de ver, porque uno ve sus dinámicas familiares. Hay demasiados espejos en esta obra: es muy cómico y muy doloroso al mismo tiempo (…) Uno se ríe de maneras incómodas, un poco dolorosas, y lo que les ha llegado a conmover es cómo estos personajes logran ponerle voz a esos miedos y a esas frustraciones que tenemos todos”.

Frente a esa atmósfera de ataduras emocionales, Náder destaca el halo de esperanza y emancipación que atraviesa la propuesta escénica “Creo que lo que me gustaría que se llevara el público es esa reflexión y ese valor para poder salirse de las dinámicas en las que se encuentran. Afortunadamente hay uno de los personajes que logra irse y volar como una gaviota. Esperemos que ese personaje en particular logre mostrarle al público que sí se puede salir y ser tu propia luz”.

El montaje cuenta además con las interpretaciones de Mariana Giménez, Boris Schoemann, Roberto Beck, Assira Abbate, Pablo Perroni, Lourdes Gazza, Julio César Luna, José Ramón Berganza y Ana Kupfer. La producción corre a cargo de Ana Kupfer, Pablo Perroni, Sergio Mingramm y Cristian Magaloni.

La Gaviota cumple una temporada breve en el Foro Lucerna, presentándose hasta el 25 de octubre con funciones los viernes a las 20:30 horas, sábados a las 19:00 horas y domingos a las 18:00 horas.

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