GUAJOLOTES 03

Juicio a dos guajolotes en mole estrena temporada

Del 29 de octubre al 19 de noviembre, con funciones los jueves a las 20:00 hrs., en el…

Del 29 de octubre al 19 de noviembre, con funciones los jueves a las 20:00 hrs., en el Centro Cultural El Hormiguero

Juicio a dos guajolotes en mole, definida por la compañía Los Chatos Teatro como una farsa judicial novohispana, la obra recupera el “Curioso entremés de dos guajolotes que se pelearon”, pieza anónima escrita en el siglo XVIII dentro del Convento de Santa Mónica, en Puebla, y la pone en diálogo con el presente desde la comedia, el disparate y el sentido del absurdo.

La dramaturgia, acreditada a Sor Anónima y Adrián Martagón, conserva la médula de aquel conflicto: un guajolote mata a otro, la propietaria del animal muerto reclama justicia y las partes terminan frente a una autoridad que debe decidir qué hacer. A partir de esa aparente pequeñez, el montaje convierte el juicio en una parodia del poder, de los protocolos y de la facilidad con la que el sentido común puede extraviarse entre solemnidades, intereses y palabras sin fondo.

El texto fue seleccionado en 2025 para integrar la Primera Residencia Nuevas Dramaturgias del Teatro Clásico Hispánico, proyecto coordinado por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con la participación de Teatro UNAM, la Facultad de Filosofía y Letras, el Festival de Teatro Clásico La Escena y Diversifying the Classics. El objetivo de la residencia fue impulsar nuevas escrituras capaces de dialogar con la tradición del teatro clásico hispánico desde preocupaciones contemporáneas.

“Juicio a dos guajolotes en mole nace del deseo de dialogar con un entremés novohispano desde nuestro presente. Me interesó descubrir que, detrás de una situación aparentemente absurda —dos guajolotes, una muerte y un alcalde obligado a impartir justicia—, había preguntas que siguen siendo profundamente actuales: quién ejerce el poder, quién está preparado para hacerlo y qué ocurre cuando la autoridad debe resolver un conflicto. Quise llevar esas preguntas a la comedia, a la farsa y al delirio, porque el humor también permite mirar críticamente aquello que nos preocupa como sociedad”, señala Adrián Martagón, dramaturgo y actor.

Ese diálogo con el presente incorpora, dentro del cuerpo de la obra y sin convertirla en un posicionamiento partidista, una reflexión sobre la impartición de justicia y sobre la discusión pública que en México se intensificó a partir de 2024 en torno al Poder Judicial. La escena no pretende ofrecer respuestas ni tesis cerradas: utiliza la ineptitud del alcalde, la disputa de las propietarias y la desmesura del procedimiento como materia cómica para poner bajo la lupa la autoridad y el arbitraje de los conflictos.

La puesta, dirigida por Itari Marta, se sostiene en un ritmo de farsa, gestualidad física, caricatura y contacto directo con el público. Los títeres forman parte de sus lenguajes escénicos, junto con la multiplicidad interpretativa de Adrián Martagón y Daniela Acuayte, quienes transitan por distintos personajes para construir un universo deliberadamente grotesco y popular.

El hambre también ocupa un lugar central en la dramaturgia. La obra está construida a partir de la concepción cristiana de los siete pecados capitales: la gula funciona como detonador principal, mientras la soberbia, la ira y la envidia atraviesan a otros personajes y se convierten en motores dramáticos.

El guajolote deja así de ser únicamente la víctima del caso para convertirse en objeto de deseo, apetito y disputa.

El universo de Martagón incorpora además referencias cinematográficas y populares que amplían la lectura del montaje. Macario aparece como una alusión directa al imaginario de la película homónima; la voracidad y el banquete dialogan con La gran comilona y El festín de Babette; y uno de los registros interpretativos establece un puente con la figura de Eulalio González “Piporro”. El resultado es una mezcla deliberada —casi un mole escénico— de tradición novohispana, cine, cultura popular, títeres y humor.

“La obra está atravesada por el hambre, el deseo y los excesos. La gula funciona como uno de sus grandes motores, pero alrededor de ella aparecen también la soberbia, la ira y la envidia. A partir de ahí construimos una comedia que mezcla el entremés novohispano con referencias que forman parte de mi imaginario, desde Macario y la figura de Piporro hasta La gran comilona y El festín de Babette. Todo entra en esta especie de mole escénico donde conviven teatro, títeres, cine, humor y cultura popular”, apunta Martagón.

Juicio a dos guajolotes en mole es una producción de Los Chatos Teatro, con producción de Eduardo Romo y Adrián Martagón. La temporada está dirigida a adolescentes y adultos y tiene una duración aproximada de 70 minutos. La invitación queda abierta para que el público escuche el caso, sopese las pruebas y responda la pregunta que atraviesa la función: si fuera parte del jurado, ¿qué sentencia dictaría para el culpable

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