Estimados y muy queridos lectores:
El día de hoy comienzo esta columna para tratar un tema que considero de suma importancia. Mucho escuchamos de la ciberseguridad entre amigos, familiares e incluso en radio y televisión. Cada vez oímos que a personas cercanas, amigos o incluso personalidades como artistas y hasta políticos, les han ocurrido situaciones relacionadas con este tema.
En palabras más, palabras menos, la CIBERSEGURIDAD es como si pusiéramos una cerradura de alta seguridad a la puerta de la casa, barrotes a las ventanas y cámaras por todo nuestro hogar, pero aplicado a nuestro teléfono celular y computadora, y a toda la información que ahí tenemos, que va desde fotografías, teléfonos de conocidos, contraseñas, redes sociales, cuentas de banco… qué te puedo decir, tu vida entera.
Y aquí viene algo interesante. De pronto escucho a las personas decir: “Me hackearon mis cuentas”, pero la mayoría de las veces no necesariamente se trata de un hackeo. Muchas veces lo que ocurrió fue un Ataque de Ingeniería Social.
Sé que esta última se escucha muy rebuscada, así que te voy a platicar qué es cada una y cuál es la diferencia entre ellas.
El hackeo, explicado de una manera sencilla, ocurre cuando alguien utiliza conocimientos y herramientas técnicas para aprovechar una vulnerabilidad de un sistema, una aplicación, un dispositivo o incluso una contraseña, con la intención de entrar a información o tomar control de alguna cuenta.
Por ejemplo, pueden aprovechar una contraseña débil, una falla de seguridad en una aplicación o alguna vulnerabilidad para acceder a información.
Pero ahora vienen los Ataques de Ingeniería Social, que en muchas ocasiones resultan mucho más prácticos para los malhechores, porque aquí no necesariamente tienen que “romper” la seguridad de tu teléfono o de una aplicación.
Aquí el objetivo eres tú.
Ellos utilizan diferentes técnicas para conseguir que seas tú mismo quien les entregue la información que necesitan.
¿Te ha pasado que de repente recibes una llamada, contestas y no escuchas nada y, después de unos segundos, te cuelgan?
Bueno, no siempre es una llamada equivocada.
En algunos casos, estas llamadas pueden servir para identificar si un número está activo y, posteriormente, utilizar esa información para otros intentos de engaño.
Otros son un poco más sofisticados. Entran a tus redes sociales y comienzan a observar qué te gusta, qué publicas, dónde comes, a dónde viajas, si tienes hijos, mascotas o cualquier otra información que hayas decidido compartir públicamente.
Y aquí es donde las cosas se ponen interesantes.
Por ejemplo: te llaman por teléfono y se hacen pasar por el banco. Te dicen que hay una compra que tú no realizaste y quieren saber si la autorizas.
Por supuesto que tu primera reacción será decir que no.
Entonces comienzan las preguntas: “¿Me puede confirmar su nombre?”, “¿Los últimos cuatro números de su tarjeta?”, “¿Su fecha de nacimiento?”, “¿Su código postal?”…
Y así, sin darte cuenta, poco a poco puedes estar entregando la información que necesitan para intentar apoderarse de tus cuentas, de tu WhatsApp, Facebook, Instagram o incluso obtener acceso a información mucho más delicada.
No tuvieron que entrar a tu teléfono.
Tú les abriste la puerta.
Y aquí aparece otra palabra que seguramente muchos han escuchado: phishing.
El phishing es una de las formas más comunes de Ingeniería Social. En términos muy sencillos, consiste en engañarte para que hagas algo que beneficie al atacante: dar clic en un enlace, proporcionar información, descargar un archivo o ingresar tus datos en una página falsa.
Por ejemplo, basado en tus gustos o en información que has compartido, pueden enviarte un correo electrónico con un enlace que aparentemente viene de tu banco, de una institución pública, de una empresa de paquetería o incluso de alguna plataforma que utilizas regularmente.
El mensaje puede decirte que tienes una multa pendiente, que tu cuenta será suspendida, que existe un problema con una transferencia o que tienes un paquete detenido.
Y aquí aparece el miedo o la urgencia.
“Si no haces clic en los próximos minutos, tu cuenta será bloqueada”.
“Debes pagar la multa inmediatamente”.
“Confirma tus datos para evitar la suspensión”.
Y ahí es donde muchas personas caen.
El enlace puede llevarte a una página que parece exactamente la del banco o la institución, pero que en realidad es falsa. Tú escribes tu usuario y contraseña pensando que estás entrando a tu cuenta… y esa información termina en manos de otra persona.
Por eso el nombre phishing, que sería equiparable a lanzar la caña de pescar y esperar a ver quién cae.
Y lo más importante de todo esto es que no necesitamos ser expertos en computación para comenzar a protegernos.
Muchas veces la primera barrera de seguridad no está en nuestro teléfono, ni en nuestra computadora, ni en una aplicación: está en nosotros mismos.
Así que la próxima vez que recibas una llamada inesperada, un mensaje urgente o un correo que te pida información, antes de dar clic, contestar o proporcionar algún dato, detente unos segundos y pregúntate:
¿Realmente estoy hablando con quien dice ser?
Porque en el mundo de la ciberseguridad, unos cuantos segundos de duda pueden ahorrarnos muchos problemas.
Y recuerda: siempre hay que estar atentos. Los malhechores buscan a los distraídos; si estamos alerta a nuestro entorno, todo se ve mejor con: IRIS CON LENTES.
Estos son solo algunos de los consejos que te comparto, esperando que te sean útiles y poder leernos pronto.
IRIS con lentes