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AC/DC enciende la CDMX después de 17 años de ausencia

Una absoluta noche de rock puro en el Estadio GNP Seguros Fotos: Lulú Urdapilleta/OCESA Habían pasado casi 17…

Una absoluta noche de rock puro en el Estadio GNP Seguros

Fotos: Lulú Urdapilleta/OCESA

Habían pasado casi 17 años desde que AC/DC había tocado en la Ciudad de México, un lapso que convirtió esta primera fecha del PWR UP Tour en una cita casi generacional para miles de fans que crecieron escuchando “Back in Black”, “Highway to Hell” o “Thunderstruck”. El Estadio GNP Seguros, ubicado en la colonia Magdalena Mixhuca, se vistió de colores oscuros, cuernos y camisetas desgastadas, como un estadio de rock en estado puro.

La banda, que ha sido calificada en distintos medios como una de las agrupaciones más influyentes del hard rock mundial, llegó a la capital prometiendo un show cercano a las tres horas, con un repertorio cargado de clásicos y algunos temas de álbumes más recientes, como “Shot in the Dark” y el corte homónimo “Power Up”.

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Tras 17 años sin pisar la Ciudad de México, AC/DC regresó a la capital con el espectáculo crudo y contundente que la convirtió en uno de los pilares vivos del hard rock. La banda encendió el Estadio GNP Seguros como parte de su PWR UP Tour, frente a un aforo cercano a las 65 mil personas.

Noche de fire, cuernos y truenos

El show arrancó con una breve cinemática que anunciaba la llegada de la banda desde un auto rojo que dejaba un rastro de fuego sobre el pavimento, como un guiño a la estética de exceso y energía que siempre ha envuelto a AC/DC. Tras el preludio, la primera explosión sonora llegaba con “If You Want Blood (You’ve Got It)”, canción que inmediatamente disparó el primer moshpit masivo y confirmó que el público no había ido a ver a otra banda, sino a escuchar el clásico sonido de AC/DC.

Brian Johnson, de 78 años, apenas tuvo tres interacciones directas con el público, pero cada una fue significativa. La más larga coincidió con el preludio de “Back in Black”, cuando el vocalista tomó el micrófono y dijo: “Es bueno verlos otra vez, ha sido mucho tiempo, vamos a tocar un poco de rock and roll esta noche, vamos a tener algo de diversión”. Esas simples palabras fueron suficientes para encender aún más a un público que ya coreaba el riff de la canción antes de que llegara el primer verso.

El trueno que cae sobre la ciudad

El momento más electrizante de la noche llegó con “Thunderstruck”, cuando el sonido del trueno electrónico que abre el tema reverberó por todo el estadio y el público estalló en un solo canto: “Thunder”. La cámara registró filas enteras de brazos levantados, cuernos y manos ubicadas en el aire, como si el público convirtiera el estadio en un anfiteatro de metal.

AC/DC, lejos de comportarse como una banda de retiro, mantuvo un ritmo frenético durante las casi dos horas de show, con Brian Johnson moviéndose con la energía de alguien décadas menor, mientras Angus Young, con su clásico uniforme de colegial y su fuego de guitarra, conectaba cada riff con el cuerpo colectivo del público.

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Setlist brutal y declaración de principios

El repertorio de la noche, integrado por 21 canciones, fue una suerte de catálogo del ADN de AC/DC: clásicos de los años 70 y 80, algunos himnos del siglo XXI y un tributo constante al espíritu de las guitarras saturadas, el bajo contundente y la voz rasposa. Entre los temas interpretaron “If You Want Blood (You’ve Got It)”, “Back in Black”, “Demon Fire”, “Shot Down in Flames”, “Thunderstruck”, “Have a Drink on Me”, “Hells Bells”, “Shot in the Dark”, “Stiff Upper Lip”, “Highway to Hell”, “Shoot to Thrill”, “Sin City”, “Jailbreak”, “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”, “High Voltage”, “T.N.T.” y “For Those About to Rock (We Salute You)”.

En medio de “High Voltage”, Brian Johnson lanzó un mensaje directo a los presentes: “¿Ven esto? Es rock y nadie se lo puede quitar, México. Si alguien lo intenta, díganle ‘jodete’”. El grito fue recogido por el público como una consigna colectiva, casi un manifiesto de resistencia del rock en una era dominada por otros ritmos, pero celebrado aquí como un patrimonio vivo.

Highway to Hell y el pacto con el diablo sobre el escenario

Un viaje con AC/DC en vivo no puede considerarse completo si no se recorre la “Highway to Hell”, y la banda no decepcionó. Angus Young, fiel a su personaje, decidió emular a los miles de fans que se dieron cita y se colocó un par de cuernos brillantes sobre la cabeza, como si quisiera recordar que el grupo siempre ha flirteado con la imagen del “pacto demoniaco” al que se refiere el público.

El público, entregado desde el primer rugido, coreó cada verso de la canción, mientras el estadio se llenaba de humo, luces rojas y guitarras que parecían retar directamente a la gravedad. Fue en ese momento donde quedó claro que, más que un concierto, se estaba viviendo un ritual de pertenencia: los fanáticos no solo cantaban; reafirmaban que eran parte de la misma historia que la banda lleva contando desde los años 70.

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Cadencia de resistencia y juventud perpetua

A pesar de los casi 60 años de trayectoria y de que la edad podría esperarse como un freno, AC/DC demostró que el contrato con el rock no caduca. La banda tocó sin pausas apreciables, sin lazos de edad, sin pretexto de descente tecnológico: cada tema fue una detonación de energía, cada solo de Angus Young una lección de técnica y teatralidad.

El guitarrista incluso abrió el encore con un solo de guitarra que rozó los 10 minutos, una maratón de improvisación y potencia que dejó al público en vilo, mientras Brian Johnson se retiraba momentáneamente del escenario para que el instrumento tomara el protagonismo absoluto. Horas después de la noche, varios fans comentaban en redes sociales que ese solo había sido uno de los momentos más memorables del concierto, incluso más que los propios himnos.

El adiós que confirma una trilogía de fuego

El cierre fue una explosión de símbolos: “T.N.T.” sirvió como preámbulo final, con el público coreando cada estrofa y el estadio vibrando con el ritmo de la batería y el bajo. Luego vino “For Those About to Rock”, la canción que convierte cualquier concierto de AC/DC en una ceremonia de despedida, donde el público levanta sus manos como si fuera un ejército de guitarristas silenciosos.

Tras el último acorde, Brian Johnson regresó al frente para ofrecer sus palabras finales: “Gracias México, los amamos”. El estadio respondió con un grito que pareció más largo que la propia canción, y el público salió del recinto con el ánimo encendido, pero también con la certeza de que sería el primero de tres asaltos: el PWR UP Tour tenía programadas dos fechas más en el Estadio GNP Seguros, una el sábado 11 y otra el miércoles 15 de abril de 2026.

Detrás de la potencia escénica no solo estaba la banda, sino también la planificación técnica de cientos de personas. El Estadio GNP Seguros, con una capacidad cercana a las 26 mil personas en funciones deportivas, fue reconfigurado para acoger a más de 60 mil espectadores, con estructuras de sonido, iluminación y efectos pirotécnicos que amplificaron el impacto de cada canción.

Según reportes previos al concierto, el operativo de seguridad, transporte y movilidad urbana fue coordinado por la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX, con cierres parciales de vialidades y refuerzo de transporte de pasajeros para evitar colapsos. El público, en su mayoría entre 20 y 50 años, se desplazó con la paciencia de quien sabe que está en un evento histórico, no solo un concierto cualquiera.

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