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Regreso a clases: entre listas, prisas y precauciones

Estimados y muy queridos lectores: El regreso a clases siempre llega con su propia carrera de obstáculos: útiles,…

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Estimados y muy queridos lectores:

El regreso a clases siempre llega con su propia carrera de obstáculos: útiles, uniformes, zapatos, mochilas y una lista que, curiosamente, parece crecer cada vez que la miramos.

Como cualquier ciudadano de a pie, uno busca lo mejor para los pequeños, pero también intenta que el dinero alcance. Antes de salir corriendo a comprar, conviene revisar qué cosas del ciclo anterior todavía pueden utilizarse, preparar una lista y comparar precios. Una regla, una calculadora o una mochila en buen estado no necesitan jubilarse solo porque comenzó otro año escolar.

Sin embargo, ahorrar no significa comprar cualquier cosa. La piratería también aparece entre cuadernos, colores, pegamentos y otros artículos que imitan marcas conocidas. Un producto económico o genérico no necesariamente es pirata; la señal de alerta aparece cuando encontramos logotipos mal copiados, errores de escritura, empaques alterados o artículos sin información sobre el fabricante, el país de origen, las instrucciones o las medidas de precaución.

Esto es especialmente importante en productos como pinturas, plastilinas, pegamentos, crayones y marcadores, pues estarán en contacto constante con las manos de los menores y, en el caso de los más pequeños, hasta podrían terminar en la boca. Por eso es mejor adquirirlos cerrados, correctamente etiquetados y en comercios establecidos. También debemos pedir y conservar el comprobante de compra.

La seguridad personal durante las compras merece la misma atención. Antes de salir, preparemos la ruta, los establecimientos que visitaremos y la cantidad dinero que pensamos gastar. Llevemos únicamente el efectivo necesario, la tarjeta de crédito o debito bloqueada; guardado en una bolsa cerrada y colocada al frente del cuerpo. No contemos el dinero en público ni dejemos la cartera o el teléfono en los bolsillos traseros.

Si necesitamos retirar efectivo, procuremos utilizar un cajero dentro de una sucursal, cubrir el teclado al ingresar el NIP y no aceptar ayuda de desconocidos. Al pagar con tarjeta, no debemos perderla de vista y conviene tener activadas las notificaciones del banco.

Y aquí va un consejo que parece obvio, pero suele olvidarse: la compra de útiles no es una excursión familiar. Entre más personas nos acompañen, más fácil será distraernos tratando de cuidar a los niños, comparar productos, cargar las bolsas y pagar al mismo tiempo. Lo mejor es acudir con el menor número posible de acompañantes. Si un niño necesita probarse el uniforme o los zapatos, puede ir acompañado por un solo adulto y mantenerse siempre cerca.

Al terminar, evitemos mostrar las compras y no dejemos bolsas, mochilas o aparatos electrónicos a la vista dentro del automóvil. Antes de salir del establecimiento, guardemos el dinero, la tarjeta y el teléfono, observemos el entorno y tengamos listas las llaves para no permanecer distraídos afuera.

Pero la seguridad del regreso a clases no termina en la papelería. En realidad, apenas comienza.

Antes del primer día podemos recorrer el camino hacia la escuela, identificar calles transitadas, comercios abiertos, módulos de seguridad y otros lugares donde nuestros hijos puedan pedir ayuda en caso de peligro. También es importante establecer una ruta principal, otra alternativa y un punto de encuentro en caso de que algo cambie.

Las niñas y los niños de kínder y primaria deben ir acompañados y saber que solamente pueden retirarse con las personas autorizadas. Una palabra secreta familiar puede ser muy útil cuando, por alguna razón, alguien diferente tenga que recogerlos. Si esa persona no conoce la palabra, el menor debe permanecer dentro de la escuela y avisar a un adulto responsable.

Quienes ya van a la secundaria y comienzan a trasladarse solos también necesitan acuerdos: avisar al salir y al llegar, utilizar rutas conocidas, evitar atajos solitarios y caminar atentos al entorno. Los audífonos a todo volumen y el celular en la mano pueden impedirles escuchar o advertir lo que sucede a su alrededor. El teléfono debe viajar con batería y los números de emergencia guardados, pero la ubicación y los horarios solo deben compartirse con personas de confianza, nunca en redes sociales.

En el transporte público debemos esperar en lugares iluminados y concurridos, mantener a los menores cerca y llevar los útiles y las mochilas al frente. También debemos evitar permanecer junto a las puertas o distraernos con el teléfono.

Si algo no te late, desconfía. La intuición es una herramienta básica para la seguridad. Muchas veces nuestro cerebro alcanza a reconocer esas luces rojas que todavía no sabemos explicar. No se trata de entrar en pánico, sino de tomar distancia, cambiar de lugar o pedir ayuda. Si sentimos que alguien nos sigue, no debemos ir directamente a casa: es preferible entrar a un comercio concurrido, acercarnos a una autoridad y llamar a un familiar o al 911.

Si utilizamos transporte escolar o algún servicio privado, debemos conocer previamente el nombre del conductor, las placas, el vehículo y la ruta. Los menores no deben subir a una unidad distinta ni aceptar cambios que no hayan sido informados directamente por la escuela o la empresa responsable.

Cuando el traslado es en automóvil familiar, los menores deben viajar en el asiento trasero, con cinturón o con una silla adecuada para su estatura. También hay que permitir que suban y bajen por el lado de la banqueta, evitar la doble fila y dejar el teléfono mientras conducimos o entregamos a los niños.

Al llegar a la escuela, debemos respetar los accesos y entregar a los pequeños directamente al personal responsable. A la salida tampoco conviene improvisar: la persona autorizada, el horario y el punto de encuentro deben estar claros desde antes. Cualquier cambio debe comunicarse directamente con la escuela y no únicamente mediante mensajes enviados por terceros.

Y cuidado con la tradicional fotografía del primer día. Compartirla es emocionante, pero procuremos que no muestre el nombre de la escuela, el escudo del uniforme, el horario, la ubicación o cualquier información que permita identificar la rutina del menor. Una buena opción es publicarla más tarde y no mientras nos encontramos frente al colegio.

El regreso a clases trae gastos, tráfico, prisas y uno que otro olvido. No podemos controlar todo, pero sí podemos disminuir los riesgos mediante la prevención, la comunicación y la atención a nuestro entorno.

Porque si invertimos tanto tiempo, dinero y esfuerzo en prepararlos para aprender, vale la pena dedicar unos minutos a proteger el camino que los lleva hasta ahí.

Y recuerda: siempre estar atentos, los malhechores siempre buscan a los distraídos si estamos alerta a nuestro entorno, todo se ve mejor con: IRIS CON LENTES.

Estos son solo algunos de los consejos que te comparto, esperando te sean útiles y poder leernos pronto.

IRIS con lentes

Mail: karlyavila@gmail.com

@iris_intelligence_mr

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